Albert Campabadal, presidente de Conacee: “Los centros especiales de empleo crean un trabajo estable, adaptado y de calidad”

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Albert Campabadal Blanco, presidente de Conacee.Cedida

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19 sep 2026 – 08:32

Merche Borja

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Conacee es la Confederación Nacional de Centros Especiales de Empleo (CEE), entidad que representa a más de 400 de estos centros y a unos 35.000 empleados.

En España, la tasa de empleo de la personas con discapacidad apenas alcanza el 29%, una cifra que ha subido levemente en los últimos años pero que sigue siendo muy baja, más de 40 puntos por debajo de la población general. No tener la oportunidad de trabajar no solo empobrece a la población con discapacidad, sino que les excluye a nivel social y afecta a otras facetas de su vida, como la autonomía o la autoestima. 

La inserción laboral es, por tanto, una de las prioridades del colectivo, una labor que se puede llevar a cabo a través de varios frentes, como la cuota de reserva -que obliga a las empresas de más de 50 empleados a que un 2% de la plantilla tenga discapacidad-, el empleo con apoyos o los centros especiales de empleo (CEE), empresas cuyo objetivo es dar trabajo a personas con discapacidad y están obligados a cubrir al menos el 70% de su plantilla con ellas.

En España hay más de 2.500 CEE. De ellos, unos 800 son de iniciativa social y 1.700 de iniciativa empresarial, muchos de ellos representados por Conacee, la Confederación Nacional de Centros Especiales de Empleo, creada hace 25 años.

Su presidente, Albert Campabadal Blanco, explica en esta entrevista por qué es importante que existan los centro de empleo, cuál es su labor y a qué retos se enfrenta el sector en los próximos años.

En la actualidad, ¿cuántas personas emplean los centros especiales de empleo?

Hoy los Centros Especiales de Empleo dan trabajo a más de 145.000 personas en España. Si hablamos en concreto de los centros asociados a CONACEE, la cifra se sitúa en 34.936 personas empleadas. Es un volumen de empleo que no ha dejado de crecer en los últimos años: solo entre 2012 y 2024, el número de personas empleadas en nuestros centros asociados se ha multiplicado por más de 16, pasando de poco más de 2.000 a las casi 35.000 actuales, con un crecimiento medio interanual del 9,83% solo entre 2021 y 2024. Ello se debe a que hemos aumentado la representatividad de CEE y asociaciones territoriales en los que se agrupan, pero también al éxito del modelo, que crece a buen ritmo en términos de empleabilidad y que se confirma como uno de los más dinámicos del país.

De ellas, ¿cuántas tienen discapacidad?

De esas más de 145.000 personas, más de 122.000 tienen discapacidad, lo que representa cerca del 84% de las plantillas del sector, muy por encima de lo que exige la ley para los CEE (70%). En el caso de nuestros centros, los asociados a CONACEE, ese compromiso es todavía mayor: el 90,33% de las plantillas está formado por trabajadores con discapacidad. No hablamos de una cuota cumplida por obligación, sino de un modelo que ha hecho de la contratación de personas con discapacidad su razón de ser, en un contexto en el que la tasa de empleo general de este colectivo apenas alcanza el 28,9%, frente al 69,7% de la población sin discapacidad. Esa diferencia de más de cuarenta puntos es precisamente lo que hace que el papel de los CEE resulte tan relevante: son, hoy por hoy, uno de los pocos espacios donde miles de personas con discapacidad acceden a un empleo estable, adaptado y de calidad.

Los centros especiales de empleo son uno de los pocos espacios donde miles de personas con discapacidad acceden a un empleo estable, adaptado y de calidad

En los últimos años, ¿cómo ha evolucionado el sector?

La evolución hay que leerla en dos planos, porque cuentan historias muy distintas. Por un lado, la empleabilidad general de las personas con discapacidad sigue prácticamente estancada. Según el INE, la tasa de empleo del colectivo ha pasado del 26,8% en 2021 al 28,9% en 2024: apenas dos puntos en cuatro años, con un crecimiento medio interanual de solo siete décimas. Mientras tanto, la tasa de empleo de la población sin discapacidad ha subido del 66,1% al 69,7% en el mismo periodo, así que la brecha entre ambos colectivos no se cierra, se mantiene por encima de los 40 puntos.

Por otro lado, el modelo de los Centros Especiales de Empleo muestra un comportamiento mucho más dinámico, como vemos por las cifras que hemos expuesto. Ese contraste es, precisamente, lo que queremos poner sobre la mesa: cuando existe un ecosistema bien orientado y con los apoyos adecuados, la inclusión laboral avanza de forma sostenida y medible. El problema no es que no sepamos cómo generar empleo de calidad para las personas con discapacidad; el problema es que nuestro modelo todavía no se aplica ni se respalda con la intensidad necesaria en el conjunto del mercado laboral, cuando se ha demostrado que funciona.

Los CEE se crearon para dar trabajo a las personas con discapacidad, cuya tasa de inserción laboral sigue siendo muy baja. ¿Han cumplido su cometido?

Los números hablan por sí solos: hoy hablamos de en torno a 700.000 personas con discapacidad activas en el mercado de trabajo, apenas un 2,9% de la población activa total, y con una tasa de paro del 18,5%, muy por encima del 11,2% de la población sin discapacidad. En ese contexto, los CEE son uno de los pocos instrumentos que demuestran un comportamiento realmente dinámico. No se trata solo de generar empleo, sino de hacerlo de forma estable, adaptada a las capacidades de cada persona y acompañada de formación y unidades de apoyo. Eso permite activar talento que, de otro modo, quedaría fuera del sistema, y da a miles de personas autonomía, confianza e independencia.

Muchos consideran que debe ser un puente de entrada para el mundo laboral en empresas ordinarias. ¿Qué opina al respecto? ¿Puede ser siempre posible?

Es un planteamiento que a menudo se formula de forma demasiado simplificada. Los CEE cumplen una función de puente en numerosos casos, especialmente cuando hablamos de personas que acceden por primera vez al empleo: ahí adquieren experiencia, formación, hábitos laborales y confianza en sus capacidades, y eso facilita después el acceso al mercado ordinario. Pero no siempre es así, ni tiene por qué serlo. Para muchas personas el CEE constituye su principal opción de empleo a largo plazo, porque encuentran ahí las condiciones adecuadas para desarrollar una carrera profesional estable. El debate no debería centrarse en cuántas personas transitan al empleo ordinario, porque sería un parámetro de medición injusto, sino en si las personas que pueden encontrar más dificultades cuentan con las oportunidades y los apoyos necesarios.

Para muchas personas con discapacidad, los CEE marcan la diferencia entre tener una primera oportunidad laboral o quedar fuera del mercado de trabajo

¿Qué ofrece a una persona con discapacidad un CEE que no ofrece una empresa ordinaria?

Fundamentalmente, un entorno diseñado para que cada persona pueda desarrollarse profesionalmente en condiciones adaptadas a sus capacidades. Hablamos de unidades de apoyo, de adaptación de puestos de trabajo y de acompañamiento continuo durante todo el proceso de incorporación, algo que muchas empresas ordinarias todavía no están en condiciones de ofrecer. Para muchas personas con discapacidad, especialmente aquellas con mayores dificultades de inserción, esto marca la diferencia entre tener una primera oportunidad laboral o quedar fuera del mercado de trabajo.

Desde Conacee, ¿cómo creen que sería el tránsito ideal entre un CEE y una empresa ordinaria?

El tránsito ideal es aquel que se construye de forma gradual y acompañada, nunca impuesta por plazos artificiales. Implica que la persona haya adquirido en el CEE experiencia, formación y confianza suficientes, y que ese paso se produzca con el respaldo de las unidades de apoyo, en colaboración con la empresa ordinaria receptora, para garantizar que la incorporación se hace en condiciones de éxito. No entendemos la función de generar empleo estable dentro del CEE y la función de puente hacia el mercado ordinario como objetivos contrapuestos, sino como complementarios: la inclusión laboral requiere itinerarios diversos que respondan a las necesidades de cada persona.

Hace unos meses se aprobó la conocida como Ley de Economía Social. ¿En qué afecta a los centros especiales de empleo? ¿Les afecta a todos por igual?

No, no les afecta por igual, y ese es precisamente nuestro principal motivo de preocupación. La ley reconoce como entidades de economía social a los Centros Especiales de Empleo de iniciativa social, pero siembra la incertidumbre respecto a los de iniciativa empresarial que representan más de dos tercios del sector, en torno al 68% del total de centros, y sostienen una parte esencial del empleo de las personas con discapacidad.
Es una distinción que no responde a la función real que cumplen unos y otros, que es exactamente la misma, sino a su naturaleza jurídica. En la práctica, esto puede traducirse en menor acceso a la contratación pública reservada, en menos financiación y en un menor reconocimiento institucional para los CEE de iniciativa empresarial. Todo ello puede llevar a poner en riesgo miles de puestos de trabajo de personas con discapacidad.

¿En qué creen que se podría mejorar esta ley?

Lo primero, garantizando que el reconocimiento y los instrumentos de apoyo, contratación pública, financiación, reconocimiento institucional se diseñen de forma equilibrada para todo el ecosistema, y no se concentren en un único modelo en función de su forma jurídica. Lo segundo, asegurando que, si finalmente se mantiene esa diferenciación, su aplicación se haga con prudencia, con diálogo y con una transición ordenada que permita al sector adaptarse, especialmente a los CEE más pequeños, que son pymes que llevan años operando bajo un marco normativo determinado. La inclusión laboral debería medirse por los resultados sociales que se generan, no por la naturaleza jurídica de quien los genera.

La nueva ley de economía social puede poner en riesgo miles de puestos de trabajo de personas con discapacidad

En los últimos años ha aumentado el número de personas trabajando en CEE. ¿Cómo se espera que evolucione en los próximos años?

Si el marco normativo lo permite, confiamos en que la tendencia de crecimiento se mantenga: venimos de multiplicar por más de 16 el empleo en poco más de una década y de un crecimiento medio interanual cercano al 10% entre 2021 y 2024. Puede que ese crecimiento no siga siendo así de exponencial, pero sí es posible continuar una senda alcista. Ello dependerá en buena medida de cómo se desarrolle reglamentariamente la Ley de Economía Social y de si se corrigen los desequilibrios que hemos señalado, así como otros.

Y ¿cómo podría hacerse?

Desde Conacee seguimos reclamando otras medidas que refuercen el modelo, como elevar del 2% al 4% la cuota de reserva en empresas de 50 o más trabajadores, normalizar el papel de los CEE en su cumplimiento y establecer un mecanismo automático de compensación económica cuando no se cumpla. No basta con mejorar lentamente: es necesario acelerar el ritmo y ampliar las oportunidades para que el empleo deje de ser una excepción y se convierta en una realidad para el conjunto de las personas con discapacidad. De hecho, este es precisamente uno de los debates que nos parece imprescindible seguir abriendo entre todos los actores del sector, y por eso lo pondremos sobre la mesa en el XXI Congreso Nacional de Centros Especiales de Empleo, que celebraremos los próximos 22 y 23 de septiembre en el Palacio de Cibeles de Madrid.

Ahora que se habla tanto de IA y de cómo puede afectar a empleos más mecánicos, ¿cómo creen que afectará al sector en este sentido?

Es una pregunta que nos hacemos también nosotros, y precisamente por eso la inteligencia artificial va a ser uno de los temas centrales de nuestro Congreso Nacional. La transformación tecnológica no es una conversación ajena a los Centros Especiales de Empleo: la IA va a cambiar los puestos de trabajo, los perfiles profesionales, la formación y la forma en la que funcionan nuestras organizaciones. La pregunta ya no es si ese cambio va a llegar, porque ya está aquí. La pregunta es cómo conseguimos que esa transformación tecnológica genere nuevas oportunidades para las personas con discapacidad y no nuevas barreras. Nuestro sector afronta uno de los momentos de mayor transformación de los últimos años, y no queremos limitarnos a mantener lo que tenemos: queremos anticiparnos, formar a nuestros equipos y asegurarnos de que la IA amplíe oportunidades en lugar de generar una nueva brecha para el colectivo.