Araceli y Mayte, trabajadoras sordas, ejemplo de inclusión laboral en centros especiales de empleo

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A los 21 años, Araceli Pratdesaba empezó a notar que algo iba mal: le costaba distinguir sonidos superpuestos y seguir conversaciones en ambientes ruidosos. El diagnóstico llegó poco después: pérdida de audición en ambos oídos por una afectación del nervio auditivo. Con él, un largo proceso de aceptación que ella resume hoy con una frase: “Antes pensaba: ‘Y encima soy sorda’. Ahora digo: ‘Sí, soy sorda, ¿y qué?”.

La historia de Mayte Barroso no es muy diferente. Comenzó a notar una pérdida auditiva hace unos 20 años, cuando trabajaba en un puesto de oficina tras haber sido monitora de ocio y tiempo libre. Hoy, con una pérdida auditiva del 89% y de carácter degenerativo -cuyo posible origen genético todavía investigan los especialistas- Mayte usa audífonos en su día a día en su centro especial de empleo con total normalidad.

En el caso de Araceli, durante una década evitó los audífonos, hasta que el deseo de ganar independencia la llevó a dar el paso. Hace año y medio se incorporó como administrativa a una oficina en Barcelona de Integra CEE, uno de los centros especiales de empleo asociados a CONACEE, donde decidió apostar también por un segundo audífono para afrontar con seguridad sus nuevas funciones. Hoy trabaja con autonomía, se coordina con distintos equipos y describe el cambio como “un renacer”. En lo que respecta a Mayte, a su hipoacusia se suma una discapacidad visual que, no obstante, no le impide trabajar en Madrid como técnica de apoyo de otros empleados con discapacidad, incluidas otras personas sordas.

Una discapacidad que pasa desapercibida

Coincidiendo con la Semana Internacional de las Personas Sordas que se celebra hasta el próximo 27 de septiembre, la Confederación Nacional de Centros Especiales de Empleo (CONACEE) quiere poner nombre y rostro a una realidad que sus centros viven cada día: personas con discapacidad auditiva que, gracias a tener un empleo, han encontrado un espacio de autonomía e independencia. “Los ejemplos de Araceli y Mayte reflejan cómo los centros especiales de empleo (CEE) pueden transformar una discapacidad que a menudo pasa desapercibida en una fuente de desarrollo profesional”, aseguran desde la entidad. 

En este sentido, CONACEE recuerda que la tasa de empleo de las personas con discapacidad en España se sitúa en el 28,9%, frente al 69,7% de la población general, según datos del Instituto Nacional de Estadística. En el caso de las personas con discapacidad auditiva, la inserción laboral es mayor, pero sigue siendo muy baja, pues alrededor de la mitad de las personas sordas no trabajan, y su tasa de empleo es del 60%. Una brecha que, señala la patronal, se agrava en el caso de discapacidades como la auditiva, que al no percibirse a simple vista tienden a generar barreras de acceso al empleo que pasan desapercibidas tanto para las empresas como para la sociedad.

“Cuando hablamos de discapacidad, solemos pensar en lo que se ve. Pero hay discapacidades, como la hipoacusia, que no se perciben a simple vista y que, precisamente por eso, generan barreras de acceso al empleo que pasan desapercibidas. Los CEE llevamos años demostrando que, con los apoyos adecuados, estas barreras se pueden derribar”, afirma Albert Campabadal Blanco, presidente de CONACEE.

“Los casos de Araceli y Mayte muestran que la inclusión no consiste solo en dar una oportunidad, sino en generar entornos de trabajo donde las capacidades de cada persona puedan desarrollarse plenamente, con independencia de las barreras de partida. Eso es lo que hacemos en los CEE cada día”, concluye Campabadal.