La cafetería Diversum de Vigo emplea a una decena de personas con discapacidad entre las que
se encuentran estos tres jóvenes aquejados de un síndrome que conmemora este sábado su día
mundial
La cafetería Diversum de Vigo emplea a una decena de personas con discapacidad entre las que se
encuentran estos tres jóvenes aquejados de un síndrome que conmemora este sábado su día mundial
En la cafetería Diversum de Vigo todos los trabajadores presentan alguna discapacidad. En el caso de
Samuel, Andrea y Martín, tienen síndrome de Down, que hoy conmemora su día mundial. Gracias
al empeño de sus familia y a la labor de los centros especiales de empleo (CEE) han encontrado en este
singular café no solo una ocupación, sino todo un proyecto de vida. Samuel explica con tanta sencillez
como rotundidad lo que supone para él este trabajo: «Tengo dinero, compro lo que me gusta y salgo
con mis amigos». Unas metas de lo más normales para cualquier ciudadano de una sociedad capitalista
de Europa occidental y que tantas veces quedan fuera del alcance de las personas con discapacidad. Por
eso Andrea lo tiene claro: «Queremos más trabajo y más oportunidades» y Samuel remacha: «Tenemos
los mismos derechos y obligaciones».
Para ella el simple hecho de servir en esta cafetería implica recibir «un trato igual» que el de
cualquier otro trabajador. Además, a nivel personal esta experiencia le ha proporcionado «nuevos
compañeros y amigos». Contribuyen a enriquecer su rutina diaria y le ayudan a dar pasos hacia esa
«integración» tantas veces pregonada y que en la mayor parte de los casos se compadece poco con la
realidad. Por eso un día como el de hoy mantiene también un carácter reivindicativo. «Significa gritar
por nuestros derechos», lo describe Samuel, que al igual que su compañera lleva en la cafetería desde
que abrió en julio del 2022. De hecho, las madres de ambos fueron las artífices de su puesta en marcha
en julio del 2022 y el empresario Ventura Barbeito les echó un cable cuando el verano pasado
estuvieron a punto cerrar por falta de apoyos. Además, tienen detrás a la Asociación para a Promoción
de Actividades de Integración Sociolaboral (Aspais), que pertenece a la Confederación Nacional de
Centros Especiales de Empleo (Conacee).
«En el Día Mundial del Síndrome de Down es fundamental visibilizar cómo el trabajo dignifica, abre
oportunidades y demuestra que la diversidad enriquece tanto a los equipos como a la sociedad en
su conjunto», destaca el presidente de Conacee, Albert Campabadal Blanco, para quien «el empleo es
una herramienta indispensable para cualquier persona, pero para quienes tienen discapacidad supone
además un impulso directo a su autonomía, su autoestima y su participación plena en la sociedad». Por
eso considera que los centros especiales de empleo (Cee), «ya sean de iniciativa social o de iniciativa
empresarial, llevan décadas demostrando que son espacios eficaces, profesionales y profundamente
humanos, donde miles de personas desarrollan su talento y construyen un proyecto de vida».
Las palabras de Campabadal responden, en parte, a una cuestión que está estos días de máxima
actualidad política, la tramitación de la Ley Integral de Impulso a la Economía Social. Fue aprobada en
el Congreso en diciembre del año pasado con el voto en contra del PP y Vox. Y ahora el Partido
Popular, haciendo uso de su mayoría en el Senado, ha introducido más de cuarenta enmiendas al texto,
argumentando que no ha sido suficientemente dialogada o que pone demasiadas trabas a las empresas.
Unas enmiendas que, en su gran mayoría, probablemente sean rechazadas con la vuelta de la ley a la
Cámara Baja para su aprobación definitiva.
Conacee teme que la nueva normativa excluya a los CEE de iniciativa empresarial, porque prioriza los
proyectos sin ánimo de lucro. Establece en su artículo 4 «la primacía de las personas y del fin social
sobre el capital» —algo que ya estaba textualmente en la ley del 2011 a la que modifica— y apela a
«una gestión democrática y participativa». Sin embargo, para Campadabal «cualquier avance
normativo debe tener en cuenta que todos los centros, independientemente de su naturaleza, cumplen
una función esencial: generar empleo protegido y de calidad para miles de personas con discapacidad»
Está por ver qué futuro le espera a los centros especiales de empleo y a la cafetería Diversum, que
aunque esté constituida como una sociedad limitada nunca fue un negocio con ánimo lucrativo. Las
«ganas de trabajar», que aporta Samuel, y las «sonrisas y el esfuerzo», que ofrece Andrea, van a seguir
ahí y ahora lo que cabe esperar es que la sociedad les de lo que ambos reclaman al unísono: «Las
mismas oportunidades que a los demás».